La compasión no es lo que crees

Muchas personas asocian compasión a sentir lástima por otra persona, con un tinte de superioridad. En realidad, el significado más actualizado es completamente distinto: Compasión es percibir el sufrimiento de otro y actuar con el fin de aliviarlo. Es una respuesta ante el malestar de las personas con las que empatizamos.     

Es una emoción activa, puesto que provoca movimiento, una respuesta, y que tiene como compromiso ser apoyo para la otra persona y aliviar su sufrimiento, eso sí desde el equilibrio.

El estudio de la compasión se ha desarrollado mucho entre otros por el empuje del prof. Richard Davidson, uno de los neurocientíficos de la emoción más importantes del mundo. Su investigaciones, en las que ha participado el Dalai Lama, le han llevado a la conclusión de que el entrenamiento en compasión tiene múltiples beneficios a nivel psicolígico y también neurológico.

En nuestra sociedad, predominan emociones de competitividad, amenaza, logro, todo esto dificulta poner en práctica la compasión. Un mito muy arraigado es decir que “la compasión es sentir pena”, y compasión es tratar al que sufre como si fueras un amigo o familiar, no desde una posición de superioridad que deja a la otra persona en el rol de víctima.

Vamos con otro mito: “La empatía es sinónimo de compasión”: Ambas hacen referencia a reconocer la emoción del otro, pero encontramos la diferencia principal, y la característica única de la compasión, en el impulso de ir más allá e intentar que el otro deje de sufrir.

Funcionamiento de la compasión

Aunque la compasión es un proceso complejo, en el que participan muchos procesos psicológicos, se podría decir que tiene tres fases:

  1. Percibir el sufrimiento: estar presentes en lo que pasa a nuestro alrededor, darnos cuenta de lo que nos pasa a nosotros y a los demás. “Vivir y sentir el presente”.
  2. Evaluar la situación: evaluamos nuestra capacidad de ayuda.
  3. Acción: Tratar de aliviar el sufrimiento

¿Cómo funciona la compasión a nivel cerebral?

Estudios de laboratorio han encontrado que cuando sentimos compasión, bien sea por uno mismo o por los demás segregamos mayor cantidad de oxitocina y se activan en nuestro cerebro regiones relacionadas con la empatía, el cuidado y el placer. En un estudio publicado en la revista Neuron, se encontró además que con la empatía se activan el córtex prefrontal ventromedial o la corteza medial orbitofrontal, ambas relacionadas con los procesos con los que el cerebro da valor a algo, no en vano, el ser humano parece estar diseñado para atender a las necesidades de los otros, no sólo de nosotros mismos.

Beneficios de la compasión

Cuando sentimos compasión, se activan nuestros sistemas de recompensa y calma y a su vez se desactivan los de amenaza o peligro. La compasión dirigida hacia uno mismo se ha visto de gran utilidad ya que nos ayuda a afrontar fallos de manera saludable sin juzgar y con actitud pacífica. Nos permite estar abiertos a nuevos retos y relaciones sin miedo. También parece reabrir el acceso a generar vínculos que puedan haber sido bloqueados anteriormente por conflictos emocionales. Por todo ello, una actitud compasiva parece ayudarnos a sentirnos más satisfechos con nuestro día a día.

Diferencias entre compasión, lástima y pensamiento egoísta

Un familiar suyo enferma y se vuelve dependiente para muchas tareas cotidianas como, por ejemplo, hacer la comida diariamente. En ese momento pueden surgir dos cosas:

Pensamiento Actitud/ emoción
Ojalá se recupere pronto y podamos volver a la normalidad Egoísmo
Pobre, no puede hacer nada solo Lástima
Ahora dependes de nosotros para hacer tareas cotidianas, pero te apoyaremos hasta que recuperes la funcionalidad Compasión

Propuesta de ejercicio:

Por último, te planteamos un pequeño ejercicio: ¿recuerdas alguna vez en la que otra persona han sido compasiva contigo? ¿cómo te sentiste? ¿podrías emular esos comportamientos tú contigo mismo incluso cuando hayas hecho algo mal?

Otro más: ¿Cuándo has actuado tú con alguien desde la compasión? ¿Qué sabor de boca te dejó? ¿Qué dificultades encuentras para hacerlo más frecuentemente?

Os dejamos para acabar un cita del Dalai Lama que junto con el prof. Richard Davidson es uno de los grandes defensores de la compasión.

«El problema humano básico es la falta de compasión. Mientras este problema subsista, subsistirán los demás problemas. Si se resuelve, podemos esperar días más felices»

-Dalai Lama-

Marta Ceballos – Psicóloga sanitaria

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